Arte y Sociedad: Mujer y representación (2013)

 

 
Iconografía femenina y bellas artes en diálogo con Roger Bastide. 

Desde los inicios de la representación humana aparece la figura femenina, en diversos contextos y latitudes, siempre mostrándo en sus cuerpos el ser continente de atributos mágicos/útiles, y en consecuencia estéticos. 
 
Es notorio como figuraciones contemporáneas pero distantes presenten rasgos comúnes, ya sean formales y/o simbólicos, por lo que encuentro interesante analizar la posible relación que se estableciera entre cosmovisión y producción estética en cada etapa, en tanto expresión del "ser colectivo". 
 
De la "Prehistoria", las distintas estatuillas que se han encontrado a lo largo de los 5 continentes muestran representaciones de la mujer, de la feminidad, como objeto de culto, mágico, con finalidad ritual de acuerdo a las fuentes investigadas, todas pertenecientes a periodos, grupos y culturas diferentes, que sin embargo, presentan rasgos formales similares, acentos formales compartidos por todas ellas. Se trata de estatuillas completamente ligadas a la importancia que de la vida, de la supervivencia de la especie, poseían los grupos humanos que las produjeron; la mujer como deidad, progenitora, portadora de vida, en todos los sentidos. 
 
Mujeres formalmente representadas con acento en sus pechos y caderas, en sus vientres anchos, símbolo de salud, y belleza de la época. Es necesario comprender que estas representaciones son productos de creencias colectivas, y transversales a los grupos humanos de la época. No sólo por el hecho de hallarse a lo largo de todo el planeta, hijas de diversas culturas que poca o nula relación tenían entre sí sino porque poseen una estética muy específica, estética que se relaciona indefectiblemente con la nociòn de belleza que poseían los sujetos de dichas sociedades, y que regira por tanto su vida cotidiana, su sistema de valores, y ¿por qué no arriesgarse a pensar en sus elecciones de pareja?. Este es un dato no menor, puesto que comienza a vislumbrar la existencia de una conciencia estètica colectica, tal como plantea Lalo que siendo el conjunto colectivo de juicios en una sociedad, se encuentra ligada a una necesidad mágica ritual esboza un sentir social de representar un ideal. 
 
En esta instancia puede decirse que sí, el arte responde a una necesidad religiosa, donde la producción de objetos estéticos está íntimamente relacionada a la construcción de un ser colectivo; sin embargo, he de acordar nuevamente con Lalo, quien plantea la definición de arte como juego, como lujo, sosteniendo que “el juego es el despliegue libre y caprichoso de nuestras diversas actividades... pudiendo el arte insertarse en cualquiera de nuestras actividades serias... formando pareja complementaria con cada una de las grandes instituciones sociales”, como será el caso, en la prehistoria, de la magia; puesto que si bien en este período las manifestaciones artísticas parecen estar ligadas a lo ritual, muchas parecen ser creadas para ser contempladas y no para ser utilizadas en un rito, ocupando un lugar propio, independiente de la magia, de la religiosidad primitiva, como gesto que acompaña una cosmovisión, que la alimenta, que la legítima si se quiere, que la manifiesta, pero por la cual no es limitado. 
 
Tal como plantea Belot, quien sostiene, se pregunta “...si por ventura la teoría mágico-religiosa no confunde la materia del arte con su génesis. Es evidente que las representaciones mágicas y religiosas han suministrado la materia del arte primitivo; pero decir que la magia o la religión lo han creado es otra cosa ”. Manifestaciones de una cultura primitiva, donde el instinto y la supervivencia priman en las preocupaciones del clan, produciendo imágenes ideales de una mujer fecunda, progenitora, divinidad. 
 
Avanzando miles de años en la historia, nos encontramos con nuevas representaciones de la mujer, de la feminidad, a través de la escultura, con cambios en su aspecto formal, hay una reestilización de la figura femenina, reestilización que responde a un cambio cultural, un cambio en la cosmovisión ya que nos encontramos en Grecia, 600 años a.c; cosmovisión que posee su propio ideal de belleza, de salud, el cual responde y condiciona la vida de la sociedad griega. En el mundo griego comienza la llamada civilización, occidental, puesto que aparece la razón, la lógica, la ciencia, la moral, la ética, la política, la educación, la cultura, como aspectos fundamentales de la raza humana, dignos de atención para las clases privilegiadas de dicho pueblo. Etapa de explosión artística, bélica, científica, etc, etc, etc. Lo que nos ocupa de este periodo es ver, como la modificación de la figura humana, femenina, el ideal de belleza, la reflexión estética responde a un cambio en la construcción colectiva de lo ideal, de aquello que es digno de ser representado, imitado y reproducido. 
 
Aparecen las mal llamadas Venus, como representaciones ligadas a la religión ante todo, puesto que se trata de las imágenes de la Diosa Afrodita, diosa de la belleza, ideal y signo de la forma por excelencia. En este momento podemos ver si se quiere un ¿retroceso? en la evolución del arte, porque aquí, si bien se trata de objetos de arte autónomos, dignos de contemplación, nacen de los mitos, de los valores que hacen a la cultura helenística, y por tanto objetos de culto e imitación. Valores que a partir de entonces regirán la apreciacion estetica de las civilizaciones occidentales venideras, ya que a partir de los griegos los paradigmas artísticos irán de lo pre a lo post, a lo neo, siempre a partir del clasicismo. 
 
Por ejemplo, en el neoclasicismo, donde se hace necesario serenar un poco las formas, racionalizar la belleza para objetivarla metodológicamente, se retorna a la figura clásica frente a la exaltación barroca.Con consecuente necesidad de serenar las formas, y con ellas la conducta. Podemos decir, que los aspectos formales, determinan ideales, de conducta, de aspecto, de moral, de aceptación social. Quedando demostrado que la conducta del ser social está influenciada, por no decir signada, por la estética que la sociedad que la engloba produce a través de sus manifestaciones artístico - culturales. Dichas manifestaciones, si bien autónomas, serán reacción, sino consecuencia, de la sociedad a la que pertenecen, tal como sostiene Bastide en el citado capítulo, donde dice ”...la génesis de las bellas artes, el papel tanto del individuo creador como de la colectividad, excitadora y reguladora de la actividad individual... Cuanto más nos remontamos en el pasado, mayor es la parte del elemento comunitario, sin que, no obstante, desaparezca nunca la parte de creación personal. 
 
El hombre solo es capaz de adquirir la conciencia de su poder, pero sin la sociedad no iria muy lejos.” No puede hablarse de producción artística en absoluta independencia de su sociedad, pues no existe codificación / decodificación posible sin la existencia de un sujeto apto para la misma, que posea el lenguaje, un código común con el artista, ya que el arte es producto inexorable de la misma. Vemos como a lo largo de la prehistoria la figuracion, la estilización de la figura femenina responde a ideales propios de ese grupo humano, y como esta objetivación hace posible la transmisión de los mismos, colaborando en la construcción de la cosmovisión social. 
 
Así como en Grecia, servirá como medio de transmisión de la mitología, siendo parte de la religiosidad, y colaborando nuevamente la imagen, la forma en la creación de un sentir ideal del griego, donde primaran la armonía, la proporción y la mesura como ideales de belleza, y por tanto como generadores de conducta, sobretodo femenina en la sociedad. Estamos en posición de aseverar, en este punto, que la producción artística será siempre manifestación de la sociedad que la enmarca, ya sea acompañando o reaccionando contra ella, muchas veces será útil para algún fin (religioso, educativo, comercial, etc) simplemente por tratarse de un elemento autónomo, autotélico, del cual es necesario apropiarse para producir o reproducir sentido. A este respecto dice Bastide, “El arte, propiamente hablando, no existe mientras estè sometido a la tiranía de las necesidades y de las pasiones; sin duda, el sentimiento de la belleza ya se está abriendo paso, pero no se basta a sí mismo: está sometido a fines que le son extraños. 
 
El arte nace verdaderamente cuando se basta a sí mismo, cuando, según la palabra de Baldwin, es una actividad esencialmente autotélica.” He aquí el poder del arte en la sociedad, el de poder crear signos, traducibles en significantes,en significados, residiendo allí su autonomía y su naturaleza social ; autonomía que radica en el poder intrínseco de resignificar los códigos que emplea esa sociedad, y su ser social, precisamente, evidenciado en la utilización de los mismos. Posee el poder de generar modos de leer el mundo, al sujeto y a sus semejantes, poder de generar un lenguaje propio, nuevo, basado en el saber colectivo, sujeto y libre de su codificación. A partir de aquí habrá pocos cambios formales en la representación femenina, por tanto pocos cambios en la percepción que de la mujer tenga el hombre y la mujer misma, estableciéndose en la cultura occidental como parámetro... siempre hablando en general. 
 
Pasando de la idealización de la figura y la conducta femenina a su cosificación, despojada de atributos intelectuales y preponderante su forma. Bibliografía: Arte y Sociedad”. Roger Bastide. Fondo de Cultura Económica. Mexico - Bs As. 1948</